Cómo aplicar el Acuerdo de París

Cómo aplicar el Acuerdo de París

Los casi 200 países que forman parte de la Convención Marco de la ONU de Cambio Climático ‘prácticamente todos los Estados del mundo’ discuten desde hace 25 años cómo atajar un problema que ya ha hipotecado a las futuras generaciones que habitarán el planeta: el calentamiento global. Se han celebrado 24 cumbres (normalmente anuales) como la celebrada hace unos días en Katowice (Polonia), pero hubo que esperar a la de 2015 para cerrar un pacto que involucrara a todos los países en la lucha contra ese calentamiento: el Acuerdo de París. Con este pacto se creó el marco general (objetivos y  vías para intentar conseguirlos), pero faltaba el desarrollo técnico, que debe completarse antes de 2020, cuando caduca el Protocolo de Kioto y entra en funcionamiento el Acuerdo de París.

Ese reglamento es lo que se ha logrado aprobar en la cumbre de Katowice: un documento de 120 páginas que contiene las reglas de transparencia, financiación, adaptación y recortes de emisiones de gases de efecto invernadero para que funcione el Acuerdo de París.

Estas reglas fijan, por ejemplo, la forma en la que cada país tiene que notificar sus planes de recorte, qué tipos de gases se deben combatir, los plazos en los que se revisarán los compromisos nacionales contra el calentamiento y cómo se hará o el seguimiento de las promesas de financiación. El Acuerdo de París ya recogía el objetivo de que a partir de 2020 los países más ricos contribuyan a un fondo de 100.000 millones de dólares para ayudar a los Estados con menos recursos a adaptarse a los impactos del cambio climático. Ahora también se incluyen normas para hacer el seguimiento de ese compromiso.

Los países no han cerrado un pacto político ambicioso que inste a acometer recortes drásticos de las emisiones; pero si se considera el apartado técnico (el desarrollo de las reglas), la mayoría de los objetivos se han alcanzado. Pero la parte referida a los mercados de emisiones se ha dejado para la siguiente cumbre, en Chile, por falta de consenso. La aplicación completa de París supondrá una transformación de la economía mundial y dejar de lado los combustibles fósiles, responsables de la inmensa mayoría de gases que calientan el planeta. Por eso, muchos países que dependen de esos combustibles suelen torpedear las cumbres.
A esto se une la desaparición de la mayoría de los líderes que en 2015 se aliaron para cerrar el Acuerdo de París y la irrupción de personajes como Donald Trump, que rechazan el multilateralismo. También pesa el temor entre algunos líderes europeos a que las medidas de protección medioambiental puedan despertar protestas.

Estas más de dos décadas de negociaciones (en las que las emisiones mundiales han seguido creciendo año a año) constatan el fracaso: la acumulación en la atmósfera de esos gases es tal que ya no se puede revertir el calentamiento, solo dejarlo dentro de unos límites manejables. Eso significa, según el Acuerdo de París, que el incremento medio de la temperatura no supere los dos grados e intentar que incluso se quede en 1,5 respecto a los niveles preindustriales. Los planes de recortes de las emisiones de los Gobiernos no apuntan a esa revolución y los recortes presentados hasta ahora son tan poco ambiciosos que llevarán a un incremento de más de tres grados, lo que implica multiplicar los impactos del calentamiento global.

 

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