El auge proteccionista pone en riesgo el pacto comercial entre Europa y EE UU

Hace más de tres años que la Unión Europea y
Estados Unidos iniciaron la negociación de un acuerdo para allanar las trabas a
los intercambios entre ambos bloques. Pero
el TTIP ha caído presa de los
miedos que atenazan a la ciudadanía.
Antes de llegar a la mesa del consumidor estadounidense, las naranjas valencianas son
observadas de cerca por inspectores de aquel país, que se desplazan periódicamente a la Comunidad Valenciana
para supervisar el producto. Para
reducir este tipo de trabas al comercio la Unión Europea y
Estados Unidos negocian un acuerdo entre los dos mayores mercados del mundo.

Todos los dirigentes defienden tácitamente el marco comercial como una fuente
de crecimiento y empleo para los dos grandes bloques a ambas orillas del
Atlántico y los líderes políticos titubean a la hora de darle el apoyo final. A tres meses de las elecciones
estadounidenses, Washington y
Bruselas se disponen a dar el último
empujón para encauzarlo. El auge
proteccionista que se respira en Occidente augura que no será sencillo.

económicos mundiales. Pero, en tiempos en los que las fuerzas
proteccionistas están en fuerte auge, pocos
salen a respaldarlo públicamente y esa actitud empaña las discusiones.

Fuentes diplomáticas de ambos bloques consideran que el pacto se enfrenta al
momento de la verdad. Convencidos
de que el TTIP morirá si el
candidato republicano, Donald
Trump, gana las elecciones
estadounidenses el 8 de
noviembre, los representantes
políticos quieren pisar el acelerador este otoño. Si la vencedora esHillary Clinton, el interés por el pacto permanecerá,
aseguran esas fuentes, pero el
escenario es muy incierto.

Líderes populistas en alza se oponen rotundamente al acuerdo en muchos países
occidentales. Voces críticas
ganan fuerza incluso en las formaciones moderadas. Y varias citas electorales en el
horizonte complican el escenario. Especialmente
en Francia, porque los
socialistas rehuyen un pacto que buena parte de sus bases rechaza antes de las
presidenciales de 2017. Pero
también en

hayan dado todas las garantías: compromiso
de no rebajar estándares sociales y medioambientales, transparencia sobre las posiciones
negociadoras de la Comisión, acuerdo
de aceptar solo un mecanismo público de resolución de conflictos y con jueces
de carrera’

Poco importa tampoco que la mayoría de los estudios económicos sobre el TTIP
calculen que sus efectos económicos serán muy apreciables, más en la UE que en EE UU. Pueden y deben discutirse, pero desde los informes pioneros del
Centre for Economic Policy Research (Reducing
Transatlantic Barriers )o de la Fundación Bertelsmann (TTIP, who benefits from a trade deal’), estiman que el aumento del PIB europeo
podría acercarse al 1%. Los más
beneficiados serían los países con mayor capacidad de entrada en el mercado
norteamericano; los que disponen
de un sólido sector agroalimentario; los
que mantienen manufacturas tradicionales; y
aquellos en que las pymes exhiben mayor peso. No
es de extrañar pues que España fuese muy favorecida.

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