El ‘brexit’ cumple dos años sin apenas avances

La economía británica no ha
sufrido las catástrofes anunciadas, pero acusa ya síntomas de
incertidumbre y volatilidad.

Se han cumplido dos años del arranque del
brexit. El 23 de junio de 2016 los británicos votaron
en referéndum por la salida de Reino Unido de la UE, con el 51,9% a
favor. Fue el remate de una campaña en la que los partidarios del brexit
prometieron la recuperación inmediata de la soberanía nacional, el cese de
las onerosas contribuciones al presupuesto comunitario y el inicio de una nueva
era de prosperidad basada en acuerdos comerciales con las grandes potencias del
planeta.

Dos años después de la histórica
votación, el país se encuentra enfangado en un proceso de negociación plagado
de concesiones a Bruselas, las aportaciones al presupuesto de la UE se
mantendrán hasta finales de 2020 y las normas europeas seguirán
vigentes en territorio británico hasta el 1 de enero
de 2023 como mínimo.

La
alternativa a tan humillante divorcio sería una ruptura sin acuerdo que dejaría
al Reino Unido fuera de la UE el próximo 29 de marzo, dos años
después de la notificación oficial de salida. Pero ese brexit
duro, que había sido esgrimido inicialmente por el Gobierno de T. May como
una amenaza contra la UE, causa ahora mucho más pavor al empresariado
británico que al europeo. La Comisión Europea reconoce que ambas partes
sufrirían, pero está convencida de que la UE capearía el temporal
mientras que para Reino Unido sería una debacle nacional.

Las tornas han cambiado tanto que ahora
Bruselas es la que tiene prisa por zanjar la separación de manera
definitiva, mientras que Londres remolonea y pide una salida por fases entre 2019 y 2022. ‘La
cuenta atrás está en marcha’, apremia una y otra vez Michael
Barnier, negociador europeo del brexit.


Barnier quiere cerrar el acuerdo de salida
en octubre de este año, para que dé tiempo al proceso de ratificación
parlamentaria imprescindible para su entrada en vigor en marzo de 2019.
Pero T. May parece incapaz, hasta ahora, de concluir una negociación
en la que no solo debe lidiar con el bando europeo sino también con su propia
retaguardia, dividida entre los partidarios de consumar el brexit a
cualquier precio y los que desean dilatarlo o incluso revertirlo.

May ha logrado hasta ahora imponerse. E incluso
ha sobrevivido al batacazo electoral de 2017, cuando perdió la
mayoría absoluta en unos comicios que adelantó para reafirmarse. Pero
la inquilina de Downing Street sigue en una posición frágil y no ha logrado
encarrilar las negociaciones con Bruselas.

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