El empuje de Europa de valores

Las políticas que se han aplicado en Europa
viven malos momentos. Pero a quien debe afectar eso es a quienes han aplicado
esas políticas, no a Europa. En cualquier democracia, cuando uno promueve las políticas equivocadas, lo que hay
que hacer es cambiar las políticas, no finiquitar la democracia e instaurar una dictadura. La
alternativa a la Europa que estamos viviendo es más Europa diferente, no el
desmantelamiento de nuestra estructura política. Que sin duda necesita ajustes, porque tiene 61 años de vida. Y los elementos actuales son muy diferentes de los que
dieron lugar a la firma del Tratado de Roma en 1957. A lo largo de los
años se han ido haciendo nuevos tratados, pero el complejo puzle que representa la unión política
de los europeos sigue siendo un rompecabezas sin precedentes históricos.

Ésta es la Europa de las libertades. Y desde esa
libertad, los europeos están buscando una regeneración
democrática. Una renovación que asusta a quienes han marcado la pauta
ideológica de Europa en las últimas décadas. Los padres de esta Europa
fueron tres democristianos, K. Adenauer, R. Schuman y A. De
Gasperi. Con el paso de los años y en el proceso de construcción política, las
ideas socialdemócratas se han ido apoderando de la política de la Unión. A
lo que ha contribuido la falta de liderazgo ideológico en la derecha
europea, que durante décadas se ha dejado subsumir por la socialdemocracia.

Por intentar desmontar ese poder de la
socialdemocracia y dar respuesta a los problemas que están surgiendo en Europa
y que los partidos tradicionales no han sabido contener, están surgiendo
partidos que representan una alternativa que gana (y
pierde) elecciones en las urnas. Y lo hacen desde el corazón de
Europa: Austria, Polonia, Hungría… Hay dos casos notorios
en los que esa regeneración, propulsora de una nueva derecha, se
está produciendo desde dentro del Partido Popular Europeo: el Partido
Popular Austriaco y el Fidesz húngaro. Esto ha llevado a los
socialdemócratas de todos los partidos a denunciar el auge de una extrema
derecha que no es tal. Criticar los fallos de la UE no es ser
euroescéptico, es ser un verdadero europeísta.

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