España tira a la basura 7,7 millones de toneladas de comida cada año

Cada año se arrojan a la basura
en el mundo 1.300 millones de toneladas de alimentos. De ellos, 7,7 millones
de toneladas son desperdiciadas en España, según datos de la FAO, la
agencia de Naciones Unidas para la alimentación. Estas cifras colocan a
España como el séptimo estado de la UE que más comida desperdicia, no solo
en los hogares sino también en los procesos de manipulación y transformación.
Para frenar todo este despilfarro, las empresas
españolas de la alimentación han comenzado a tomar un papel más activo,  a
nivel particular y de concienciación de los consumidores. «Si el
desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercero del mundo que más
gases de efecto invernadero produjese». Son palabras del representante en
España de la FAO, I. Trueba, durante su participación en el VI Punto
de Encuentro de la Asociación de Fabricantes y Distribuidores contra el
Desperdicio Alimentario. En este foro se abordó desde la huella
hídrica que se crea al producir un alimento y la que deja cuando el producto
acaba en el cubo de la basura -130 litros de agua por habitante y
año, el contenido de una bañera-, pasando por las mejoras en la cadena
industrial, o el cambio en los envases de los productos.
Las distintas administraciones también trabajan en reducir
el despilfarro alimentario, con formación y divulgación, así como con acciones
centrales para concienciar a la sociedad de la importancia de luchar contra el
desperdicio.
Y es que el informe del consumo en
alimentación 2017 del Ministerio de Agricultura, Pesca y
Alimentación es esperanzador, pero aún muy negativo. El año pasado los
hogares españoles tiraron a la basura 1.229 millones de kilos de alimentos
en condiciones de ser consumidos, unos 23,6 millones de kilos
semanales, «lo que constata una mayor concienciación de las familias
en la lucha contra el desperdicio alimentario, ya que esta cifra supone
una reducción del 5,7% respecto al período anterior, es
decir, se tiraron a la basura 74,5 millones de kilos
menos». La proporción del desperdicio en los hogares españoles es
del 4,3% sobre el total de productos de alimentación comprados.
Ocho de cada diez desechos son
frutas, verduras, pan y otros alimentos tirados sin tocar. No se
desperdicia en la misma proporción lo que se compra, dado que hay grandes
diferencias por productos. El 87,5% de los alimentos tirados a la
basura se corresponde con productos sin procesar desperdiciados tal cual se
compraron. Frutas, verduras y hortalizas y pan son los comestibles
más desechados. Las primeras suman el 32,7% del total y las segundas
el 13,5%. Otro 12,5% de los alimentos desechados se corresponde
con las comidas cocinadas en el propio hogar y tiradas directamente desde el
plato o la nevera. Los platos a base legumbres, los que tienen
predominio de carne y las sopas, cremas y purés son las recetas que más
terminan en el cubo.
El informe español también destaca el mal uso de los lácteos, que
suponen el 4,5% de la comida desperdiciada. La leche abarca
el 4,5% de los desechos y la mantequilla el 3,4%. El año pasado
se tiraron 15 millones de kilos de queso, lo que le sitúan en
primera posición del desperdicio de los lácteos, con el 19,7%.
Respecto a los líquidos, el año pasado acabaron por
el desagüe 20 millones de litros de bebidas
refrescantes, el 1,8% sobre el total del volumen desperdiciado
en los hogares; y 13,5 millones de litros de vinos y
espumosos, el 1,2% del total.
El Senado ha aprobado por unanimidad un informe para
luchar contra el desperdicio alimentario elaborado tras escuchar durante un año
a todos los sectores. El documento recoge medidas ya implementadas en
otros países, como la ‘ley del buen samaritano’, para la entrega de
sobrantes por restaurantes y empresas a los bancos de alimentos. Se
propone al Gobierno, entre otras medidas, rebajar la fiscalidad de
los productos «feos», principalmente frutas y hortalizas con una
estética menos apetitosa, pero con las mismas propiedades que las que
tienen una apariencia correcta; variar el etiquetado y la caducidad de los
productos; regular el tamaño de las raciones ; obligar a que el local
ofrezca al cliente los sobrantes de los menús no consumidos y pagados; y
que se cree un observatorio nacional sobre el alimento desperdiciado.

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