Europa afronta una epidemia de obesidad por los alimentos ultraprocesados.

Los malos hábitos alimenticios, como el creciente consumo de productos ultraprocesados, han provocado una epidemia de obesidad en Europa que  aumenta el riesgo de sufrir enfermedades graves y supone un enorme coste para los sistemas públicos de salud. Más de la mitad de la población adulta de la UE sufre ya de sobrepeso u obesidad, y uno de cada tres niños tiene esos problemas, según un estudio de United European Gastroenterology, que reúne a las principales asociaciones en materia de salud digestiva.

El documento advierte que la obesidad puede aumentar en un 50 % el riesgo de padecer cáncer colorectal, especialmente en hombres. Además, casi tres cuartas partes de todos los obesos sufren de hígado graso, que puede degenerar en problemas muy graves.

La incidencia de la obesidad infantil es mayor en el sur de Europa, donde la dieta mediterránea, rica en vegetales y con un consumo limitado de carnes rojas o azúcar, ha sido sustituida por productos procesados. Malta, Croacia, Italia, España, Chipre, Grecia y Portugal están a la cabeza de niños con sobrepeso.

El informe alerta del círculo vicioso entre obesidad y pobreza: Se relaciona tener ingresos bajos con ser obeso. Y, al tiempo, la obesidad puede tener efectos en la salud mental de los niños, provocando ansiedad y depresión, perjudicando el rendimiento educativo y, a la larga, su situación salarial.

Culpan a los alimentos ultraprocesados, como la bollería industrial, los precocinados congelados, las carnes procesadas o las patatas fritas de bolsa, pues es comida  muy duradera, y tiene  ventaja  frente a alimentos más sanos, pero más perecederos. El consumo de estos productos, que tienen altos contenidos de sal, azúcar añadido o grasas saturadas, produce más riesgo de sufrir cáncer. «Necesitamos que la Comisión Europea y los Gobiernos nacionales adopten medidas para cambiar la forma en que compramos y consumimos alimentos».

Se pide  que se limite la publicidad y la disponibilidad de la «comida basura», en especial para los niños, que se impongan recargos fiscales a los refrescos azucarados, y que haya etiquetados más claros sobre valor calórico y nutricional; más campañas educativas e incentivos para cambiar la cultura alimentaria. «Nuestro objetivo debería ser lograr una transformación a nivel europeo hacia dietas saludables para 2050». También se recomienda duplicar el consumo de frutas, verduras, nueces y legumbres, y reducir a la mitad el de carnes rojas o azúcar en los próximos 30 años, que el azúcar suponga menos del 10 por ciento de la ingesta total de energía diaria, y que las grasas saturadas no superen el 10%. Además, se pide limitar el máximo posible, e incluso prohibir, el consumo de las llamadas grasa trans, responsables del colesterol malo.

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