Francia despliega a 1.250 policías para desmantelar «La Jungla» de Calais

El Gobierno francés ha dado la orden de comenzar el desmantelamiento de «La Jungla», el mayor y más
inflamable de los campos de refugiados del país, en las inmediaciones de Calais (norte del país). Según cifras
oficiales,6.486 refugiados (africanos, afganos, sirios e iraquíes en su mayoría) serán trasladados a 287 centros de acogida y orientación (CAO), repartidos en todo el
territorio nacional. El
ministerio del Interior no desea comunicar con precisión dónde se encuentran tales
centros,de los que todo se ignora, salvo
su coste material: «El
alojamiento y comida costará 20
euros por cada refugiado». 
Al menos, 1.250 policías, gendarmes y fuerzas de antidisturbios
controlarán el traslado a los 60 autobuses de 50 plazas
cada uno que desalojarán a los inmigrantes en varios viajes de ida y vuelta a
lo largo de seis o siete días. Los
primeros disturbios se produjeron en la noche del sábado cuando un grupo de
refugiados -afganos la mayoría- lanzaron piedras a la policía que
respondió con gases lacrimógenos. 
La inmensa mayoría de los refugiados instalados en «La Jungla» desde hace años, nunca ha deseado ni desea quedarse en
Francia,donde se saben mal queridos y víctimas del racismo. La gran mayoría de ellos intenta
entrar en el Reino Unido, donde
creen que les será fácil
encontrar un trabajo. Muy pocos
de ellos lo han conseguido hasta ahora. «La
Jungla» es el último nombre de los cuarto
campamentos desmantelados en las cercanías de Calais desde 1999. 
Preocupa el destino de los 1.291
menores no acompañados del campamento para los que habrá un trato particular. Entre 200 y 500(las cifras cambian según las
fuentes) han sido enviados ya al
Reino Unido. Otros mil 1.000 serán albergados en un centro
provisional en Calais, no lejos
de «la Jungla», para
estudiar caso por caso su destino. Crisis
nacional 
El desmantelamiento de «La
Jungla» no pone fin a la crisis
nacional de los refugiados, pero
sí intenta «diluirla». Un 58% de los franceses se dicen hostiles
a la instalación en el territorio nacional de nuevos campos de inmigrantes o
refugiados, aunque ello suponga
violar el compromiso de acoger, como
el resto de los miembros de la UE, cuotas
de desterrados del más diverso origen. 
La Comisión Europea
propuso en 2015 que los miembros de la Unión se
repartiesen cuotas de los refugiados llegados a Grecia e Italia:unos 31.400 para Alemania, unos 24.000 para Francia, unos 14.000 para España, entre otros posibles destinos. Las propuestas de la Comisión abrieron
una aún no resuelta crisis de inmenso calado para la construcción política de
Europa. Y Francia, en particular, estámuy lejos de haber cumplido tales «sugerencias». Muy al contrario, Manuel Valls, primer ministro, y otros líderes nacionales han
criticado o acogido con reservas las propuestas de Bruselas enmarcadas en
estrategia diseñada por la canciller Angela Merkel. 
La llegada a Francia de inmigrantes y refugiados a través de la frontera
franco-italiana de Menton, en el
corazón de la más legendaria Costa Azul, suscita
regulares estallidos de violencia. En
París, gendarmería y
antidisturbios desmantelaron durante los últimos
quince meses una treintena de campamentos irregulares, instalados en barrios multiculturales. En Calais, en el campamento de «La Jungla», la población
inmigrante ha crecido de manera llamativa durante los últimos meses, en unas condiciones siempre más
degradantes y conflictivas. 
De ahí la decisión del
desmantelamiento de «La
Jungla», tras varios meses de tensión y crisis. Muchas localidades han rechazado
aceptar la instalación de centros de acogida y orientación (CAO). El ministerio del Interior ha
intentado sofocar un largo rosario de tensiones locales y nacionales, esperando que el desmantelamiento
entierre o diluya los problemas de fondo, siempre
irresueltos.Degradación 
En Calais, el crecimiento de «la Jungla», desde el año 2002, se convirtió hace años en un inflamable conflicto
humano, social, político y cultural. Las autoridades locales y regionales
llevan años pidiendo socorro, en
vano. 
Desde la óptica local, el crecimiento de «la Jungla» ha agravado la crisis económica
regional, ha degradado las
condiciones de vida, sin
solventar ningún problema humanitario. Bien
al contrario. 
Los estallidos de violencia y el deterioro de condiciones han tenido muy
diversa naturaleza: peleas entre
refugiados, violación de mujeres, ajustes de cuentas, incremento de la criminalidad local y
regional, tensiones étnicas, violencia racista, enfrentamientos entre partidarios y
adversarios de la acogida de refugiados… 
Los problemas se han agravado de manera dramática durante los últimos meses. La organización Médicos Sin
Fronteras denuncia desde hace años el aumento de las crisis de locura y el
estallido de epidemias infecciosas. Las
condiciones de vida más degradantes han favorecido diversos tráficos
crapulosos. 
El ministerio del Interior ya inició en
marzo pasado un primer proyecto de desmantelamiento de «La Jungla», pronto abortado por
razones que oscilan entre la incompetencia, la
tensión política, la falta de
preparación y la improvisación permanente de varios ministerios enfrentados por
bajas razones electoralistas. La
alcaldía de París anunció hace
meses la apertura de dos campos de refugiados en la capital, irritando profundamente a varios
ministerios y alcaldías de barrio. 

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