La emigración a Reino Unido registra una caída anual récord tras el Brexit

El Bréxodo ha comenzado. La inmigración neta en
Reino Unido ha sufrido la mayor caída anual, desde que existen
registros, en los 12 meses después de que los británicos
decidieran en referéndum abandonar la Unión Europea. La bajada, según
estadísticas oficiales, obedece al descenso en las llegadas y el aumento
en las partidas de ciudadanos europeos.
Desde el pico histórico de 336.000 personas del
final de junio de 2016, la inmigración neta ‘personas que llegan
menos las que se van’ cayó a las 230.000 en junio
pasado. Tres cuartas partes de esa caída de 106.000, la mayor
desde 1964, corresponde a ciudadanos de la UE. El número de europeos
que ha abandonado Reino Unido en el año posterior al referéndum
del 23 de junio de 2016 ha crecido un 29%
hasta 123.000, la mayor cifra de emigración europea de Reino Unido
desde la Gran Recesión de 2008.
Aún son más los ciudadanos europeos que llegan a vivir a
Reino Unido (230.000) que los que se van (123.000). Pero el
número de los primeros bajó en 54.000 y el de los segundos
subió en 28.000, lo que coloca la inmigración neta de la UE en su
nivel más bajo desde 2013. Y, mientras que el número de personas que
vienen a un puesto de trabajo determinado permanece estable, el número de
personas que vienen a buscar trabajo ha descendido en un 43%.
‘Los cambios sugieren que el Brexit es probable que sea
un factor en la decisión de la gente de venir o irse de Reino Unido, pero
las decisiones de migrar son complejas y otros factores también influirán en
las cifras’, explica Nicola White, de la Oficina Nacional de
Estadística. Entre esos otros factores estarían el freno al crecimiento
económico, el mejor desempeño de la economía europea y la caída de la
libra. La migración neta de fuera de la UE, que requiere
visado, también cayó de 196.000 a 173.000 y sigue siendo
sustancialmente mayor que la europea.
La cifra de inmigración neta está aún lejos del
compromiso de la primera ministra Theresa May, que prometió dejarla
por debajo de los 100.000, un valor del que no ha bajado desde 1998.
La promesa, formulada por vez primera en 2010 por su
predecesor, David Cameron, trata de confortar a los británicos
preocupados por la supuesta presión que ejerce la migración en los servicios
públicos. Los críticos con el Ejecutivo sostienen que la presión en la
sanidad y la educación procede más bien de los recortes en la financiación
debidos a las políticas de austeridad y contención del gasto protagonizadas por
los Gobiernos conservadores después de la Gran Recesión.
La voluntad de reducir la inmigración, coinciden los
expertos, fue uno de los principales motores del voto en favor de
abandonar la Unión Europea. Pero diversos estudios han revelado que la
inmigración europea, la única a la que afectará el
Brexit, es contribuidora neta a las arcas públicas.
 

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