La Eurocámara avala el pacto de libre comercio con Canadá

En plena era de retraimiento de la globalización y de avance del
proteccionismo, la UE y Canadá han logrado rubricar un acuerdo
cargado de simbolismo. El pleno
del Parlamento Europeo reunido en Estrasburgo aprobó ayer por holgada.
El CETA se ha convertido en un símbolo y ha desatado un debate cargado de
emociones y temores. Es caballo
de batalla de las fuerzas antiglobalización ‘a
derecha y a izquierda’, que quieren evitar a toda costa que un triunfo del acuerdo
se convierta en un precedente para futuros acuerdos de libre comercio. En Estrasburgo cundía ayer la
sensación de que más que el CETA se votaba cómo regular los excesos y
desajustes de la globalización que han contribuido a crear un caldo de cultivo
muy propicio para el avance populista.
La intensidad del debate ha dividido incluso a la delegación socialista
europea, que mira de reojo a las
citas electorales de los próximos meses y a sus potenciales votantes, crecientemente seducidos por los
mantras nacionalistas. Los
socialistas franceses, belgas y polacos se oponían frontalmente a un acuerdo
que piensan que puede ser un coladero del que se beneficien empresas
estadounidenses afincadas en Canadá. Los socialistas españoles, sin embargo, defienden el acuerdo de libre comercio
porque piensan que es mejor que haya una regulación a que impere la ley del más
fuerte. ‘En el socialismo europeo
ha habido algunas posiciones contrarias por razones de índole nacionalista-electoral o
sectorial agrícola, por ejemplo. Pero estamos ante una decisión
geopolítica. La izquierda tiene
que asumir una agenda progresista de la globalización que pasa por la
regulación’, explicaba Ramón Jáuregui, portavoz
de los socialistas mayoría el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y
Canadá (CETA, en sus siglas en inglés) después de siete años de vaivenes
negociadores y de intensa oposición en las calles europeas. Hasta 408 eurodiputados votaron a favor del
CETA frente a 254 que lo hicieron
en contra.
Los populares europeos defienden el acuerdo. Verdes, la izquierda europea y la extrema
derecha lo rechazan.
La candidata ultraderechista francesa Marine Le Pen lo llamó ‘el gemelo del TTIP’, la polémica
Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión. La estrella de la política francesa
apeló como acostumbra a ‘el pueblo’, del que, dijo, ‘tiene que recuperar su capacidad de
decidir sobre su futuro’. Le Pen amenazó por último con dar marcha atrás al
tratado’ tras las presidenciales
de mayo de 2017.
Cecilia Mallström, comisaria europea
de Comercio Exterior, explicó en el pleno que ‘los exportadores pueden ahorrarse 500 millones al año, los procesos de certificación aduanera
serán mucho más sencillos sobre todo para las pymes, porque será menos burocrático’. Respecto al miedo
a que las denominaciones de origen se vean suplantadas, recordó que el texto protege a 143 de las indicaciones geográficas.
Los manifestantes madrugaron ayer para hacer oír sus protestas contra el CETA. A primerísima hora de la mañana, una cadena de manifestantes enfundados
en monos blancos y tumbados en el suelo obligaban a los eurodiputados a entrar
a saltos en la sede de la Eurocámara en Estrasburgo.
La aprobación de la Eurocámara es un requisito necesario para la entrada en
vigor de un pacto que se había dado por muerto el año pasado, después de que la región belga de
Valonia vetara el documento. Tras
la votación de ayer, el tratado
entra en vigor de forma provisional. Falta
la ratificación de cada uno de los Parlamentos nacionales y regionales, donde corre el riesgo de atascarse de
nuevo en un momento en el que el libre comercio ha perdido parte de su
atractivo para muchos votantes.

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