La UE y Turquía inician el deshielo para salvar su pacto

Juncker y Tusk, sabedores
de la debilidad europea en materia de refugiados, se reúnen con Erdogan en el G-20 tras su polémica purga
En la más alta política, hay
fotos que dicen más que mil comunicados. Ocurrió ayer en Hangzhou, en China, y la instantánea tiene mucha carga de
fondo pese a que los protagonistas evitaron valorarla como acostumbran. Quizá porque no haya mucho que decir.Quizá porque la noticia era precisamente ésa, que
los grandes líderes de Europa y Turquía sellaron un deshielo que interesa
sobremanera a todos y que comenzó con
la polémica purga liderada por el presidente otomano, Recep Tayyip Erdogan, tras el fallido golpe militar
perpetrado el 15 de julio. Hay deshielo, como evidenció la instantánea que el presidente del
Consejo y el de la Comisión, Donald Tusk y Jean-Claude Juncker, respectivamente, aceptaron hacerse con Erdogan en los
márgenes del G-20 tras muchas
semanas de fuego cruzado.
Eso sí, que nadie espere que de la noche a la mañana se conviertan en los
mejores amigos, como evidencia el
gélido saludo entre Juncker y el presidente turco, que tuvo una apretada agenda en China
al reunirse, entre otros, con el presidente de Estados
Unidos,Barack Obama.
La UE llegó al G-20 con varios objetivos, sobre todo poner el foco de las
preocupaciones mundiales en los refugiados, en
esa crisis que ha llegado a remover los cimientos de la unidad comunitaria. »Estamos al límite y debemos ser
consciente de que es un problema global», recalcó Tusk a lo largo del encuentro y así lo reconoce el comunicado final del
G-20. Una victoria diplomática que sirve de poco a efectos prácticos.
Europa está atada de pies y manos
a Turquía, el país que decidió sellar sus fronteras para ‘salvar’ a la UE de su peor crisis migratoria
desde la
Segunda Guerra Mundial. Lo
hizo firmando un polémico acuerdo que entró en
vigor el 20 de marzo y que conlleva una serie de
contrapartidas a favor de Ankara que Erdogan utiliza de forma permanente para
recordar que el pacto es vital para la UE y que él es el que tiene la llave del mismo.
Sin embargo, su ventaja quedó reducida después de anunciar su
intención de querer recuperar la pena capital en el país, lo que provocó una contundente y unánime reacción a
lo largo y ancho de Europa. Si lo
hace, adiós a su gran sueño: formar parte de la UE, la gran y casi imposible contrapartida
del acuerdo suscrito por los líderes en marzo, que contempla la reanudación de las
complejas y eternas negociaciones para acceder al club de clubes. Sin embargo, los órdagos
continúan y Erdogan viene advirtiendo de que o la liberalización de visados
para sus conciudadanos está lista
para octubre o el acuerdo migratoria quedará roto. Se trata de la otra gran contrapartida
conseguida, además de los 6.000 millones europeos para proyectos
destinados a la manutención de refugiados. Ankara,sin
embargo, ha criticado que el
dinero llega a cuentagotas.
Ankara saca pecho
Erdogan sí habló de la crisis migratoria en su rueda de
prensa final del encuentro para criticar la pasividad mundial. En su opinión, el G-20 »está suspendiendo el examen» para recordar
la »gran responsabilidad que ha
tenido que asumir Turquía al acoger a cerca de tres millones desplazados
procedentes de Siria e Irak, lo
que le ha supuesto »un gasto de 25.000 millones de dólares (22.500 millones de euros)». En este
sentido, denunció que los países occidentales han
adoptado una actitud de seguridad »incluso
racista» ante aquellos que buscaban asilo dentro de sus fronteras, lo que calificó de »vergonzoso». »Turquía seguirá recibiendo a las víctimas de los
conflictos sin ninguna discriminación de procedencia o religión?’, sentenció.

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