Solo cinco países de la UE tienen reválidas en secundaria

Casi medio millón de alumnos de secundaria y Bachillerato se enfrentan a
partir del curso que viene a una novedad: las
reválidas. En el caso de
secundaria, España se suma a un
grupo reducido con solo cinco países de la Unión Europea ‘Portugal, Reino Unido, Italia, Estonia y Malta ‘. MÁS INFORMACIÓN El Consejo de
Estado también pone pegas a las reválidas educativas Más del 80% de los profesores rechaza las
reválidas de la LOMCE. ‘Las
reválidas pueden expulsar a alumnos con cuatro cursos aprobados’
En la etapa siguiente sí son
pruebas generalizadas. España
tendrá una nueva prueba que
sustituye la Selectividad. En 23 sistemas
educativos europeos, los
estudiantes deben pasar un examen obligatorio que sirve tanto para la entrada
al campus como para conseguir el título de estudios postsecundarios. Las primeras reválidas españolas no
serán vinculantes. Será en 2018 cuando los alumnos de 4 de la ESO (15 y 16 años) y 2 de Bachillerato (17 y 18 años) deberán aprobarlas para obtener un
título que les permita seguir sus estudios. 
En Europa, es más común no pasar
ninguna evaluación externa al acabar secundaria, como ocurre en 13 países. Otros ocho realizan pruebas que los
alumnos no necesitan aprobar para poder seguir en las aulas y cinco usan
reválidas. Mayoritario en
Bachillerato 
En la siguiente etapa, la
tendencia es justo la contraria. Hay
un pequeño grupo de países sin exámenes externos (Grecia, Suecia y parte de Bélgica) y solo Polonia funciona como España
hasta ahora, con una prueba
similar a la Selectividad que solo afecta a los que quieren proseguir sus
estudios en la Universidad pero que no es necesaria para conseguir el título de
Bachillerato. En los otros 23países, los jóvenes se examinan tanto para
obtener el certificado como poder ir a la facultad (ver gráfico). Estas conclusiones se
obtienen tras combinar datos del informe ‘PISA 2012: Resultados: /¿/Qué hace que las escuelas tengan éxito?’ de la OCDE, con otros más recientes de la red Eurydice y la
recopilación directa en Francia, Italia, Alemania, Reino Unido y Finlandia. 
En España, este tipo de pruebas
llegan rodeadas de controversia. La
rechazan la oposición política, los
principales sindicatos docentes,la principal asociación de directores y, según un informe reciente de la Universidad Autónoma
de Madrid, hasta el 80% de los profesores. El Consejo de Estado cree que la
regulación se ha hecho «con
poca participación de los afectados». El
riesgo de prepara solo el examen Finlandia revisa sus propias pruebas 
Finlandia es el paradigma del buen modelo educativo en Europa, con resultados brillantes, profesores prestigiados y una
normativa estable. En lo que
respecta a los exámenes externos, los
rechaza en secundaria pero sí los
tiene antes de la universidad, como
la mayoría de Europa. 
Al final de secundaria solo hacen pruebas muestrales con algunos alumnos y
extrapolan los resultados para sacar conclusiones.’Imponer un examen coloca el
foco en los contenidos, no en el
aprendizaje en sí mismo. Corremos el riesgo de empujar a
nuestros estudiantes a esforzarse solo en preparar esas pruebas’, explica a EL PAÍS Jouni Kangasniemi, jefe de Desarrollo del Ministerio de
Educación de Finlandia. 
En el siguiente nivel, sin
embargo, los alumnos hacen un
examen de matriculación y las evaluaciones específicas que pueda pedir cada
universidad. Esta prueba está en revisión. ‘Queremos que sirva para promover el
aprendizaje en lugar de solo para memorizar contenidos’, añade Kangasniemi. Aspiran a implantarla como evaluación única en los campus y evitar así ‘una doble tensión a los estudiantes’. 

El Ministerio de Educación defiende que servirán para ‘introducir elementos de certeza, objetividad y comparabilidad de
resultados’, según señala en el
real decreto que las regula, y para ‘orientar e informar a alumnos y
familias’. La analista de políticas educativas de la Comisión Europea Isabelle
de Coster ve ventajas similares. Obtener
unos resultados equiparables en todo el
país ‘permite
conocer de forma objetiva las desigualdades existentes entre estudiantes y
escuelas y poder remediarlas’. Miyako Ikeda, analista
educativa de la OCDE, añade que
hay estudios que avalan que estas pruebas pueden mejorar el rendimiento de los
estudiantes aunque ‘no existen
remedios mágicos, por lo que es
difícil creer que una sola práctica pueda conducir automáticamente a la
mejora’. 
Entre los efectos negativos, De
Coster advierte de un asunto que ya preocupa en España con la Selectividad: el riesgo de que los profesores se
vuelquen en enseñar a los alumnos para pasar la prueba ‘disminuyendo el tiempo dedicado a
competencias más amplias’ o que
excluyan a aquellos con ‘peores
resultados’ para que la nota
final del centro mejore. 
En Reino Unido, por ejemplo, los estudiantes dedican dos años a
obtener el certificado final de secundaria y, si
quiere ir a la universidad, pasarán
otros dos preparando las pruebas de acceso. Francia
hace un examen no vinculante en secundaria y después el Baccalauréat, creado en 1808, que valida la secundaria general
y da acceso a la enseñanza superior. 
Los sindicatos docentes franceses, como
la Sgen CFDT, consideran que también allí la enseñanza está demasiado centrada en esta prueba
final, en detrimento de la
evolución de los alumnos en los tres años previos. El sindicato de directores de centros
escolares SNPDEN calcula además que esa evaluación, sumando la organización y las tres
semanas de clases perdidas durante el año escolar,supone un coste anual de 1.500 millones de euros. El Ministerio de Educación español ha
estimado que la reválida de secundaria costará 2,3 millones
de euros y que no habrá costes
añadidos con la que sustituye la selectividad. El papel del profesor 
España, como ya hacen otros
países como Alemania e Italia, tendrá en cuenta para la nota final tanto el
resultado del examen como,en mayor medida, las
notas del alumno durante los años previos de formación. Para poder hacer esa media, no obstante, habrá que sacar al menos un 5. En
el caso italiano, cuyos exámenes
externos están recogidos en la Constitución, no
basta el aprobado. Allí se necesita un 60 sobre 100 (o 6 sobre 10 en
escala española) para continuar. 
La normativa española otorga un papel secundario en la elaboración de la prueba
a los profesores directos de los alumnos, mientras
los italianos consultan a los tutores. ‘Estas
pruebas son muy útiles para
descubrir los problemas de los centros y es absolutamente necesario implicar a
los profesores en ellas’, añade Carmela Palumbo, directora general de Ordenamiento
Escolar en Italia. Asegura que
hace mucho que estos exámenes, instaurados
en 1948, ya no son polémicos en
su país. O casi: ‘La discusión de cada año es sobre si
han sido más fáciles o más difíciles que el anterior’. 

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